¿Por qué estamos en riesgo?

En los últimos años, la influencia de los grupos conservadores en América Latina parece peligrosamente fortalecida. Su participación en la vida política es cada vez más potente y prepotente: cuentan con más recursos económicos, son más activos en los medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales se han vuelto expertos en construir posverdades que afectan gravemente los derechos de la mujer y las libertades individuales. Hay un eje de ataque claro: la educación de niños y niñas. Y a partir de ello, combatir el enfoque de género.

Este documental alerta sobre el alcance territorial, ideológico y político detrás de estos movimientos, así como los actores que operan detrás de esta corriente ultra conservadora que actúa en Latinoamericana. No es un hecho aislado, ocurre en varios países, y así lo demuestra Jerónimo Centurión en Costa Rica, Colombia, Brasil y Perú.

Costa Rica, por ejemplo, estuvo a punto de elegir a un pastor evangélico ultra conservador y homofóbico como presidente, quien amenazó con salirse de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (con sede en San José) si insistían en respaldar el matrimonio igualitario. En Perú, se analiza la creciente violencia contra la mujer y las presiones políticas de grupos evangélicos, aliados al fujimorismo, que buscan acabar con el enfoque de género en las escuelas. En Brasil los conservadores han sacado del currículo nacional de educación la palabra Género y acaba de ganar la primera vuelta en las elecciones el político más conservador y fascista de su historia. Y en Colombia, un grupo religioso contribuyó a que no se llegue a un acuerdo de paz con las FARC.

El documental muestra cómo las acciones de estos grupos responden a un trabajo coordinado con fuerzas opositoras a la democracia. También identifica que detrás de estas coordinaciones existe un pacto, una alianza entre la iglesia católica y las más importantes iglesias evangélicas, instituciones que fueron rivales durante siglos, pero que se han aliado para llegar al poder político y desde allí, frenar los pocos derechos sexuales y reproductivos que se reconocen, incluyendo el acceso al aborto legal y seguro, en países que lo permiten.